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En el amor y el desamor no todo es químico

 

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Desde 1990, el estudio del amor recayó en manos de científicos como biólogos, bioquímicos, neuroquímicos y neurobiólogos. Hoy se sabe que en el sentimiento amoroso intervienen una serie de factores químicos que promueven una conducta explosiva llamada enamoramiento. Sin embargo no todo se explica por la química; la teoría de los Holones propuesta por E Rubio propone la vinculación afectiva como un componente esencial de la sexualidad humana que está presente o no, desde que nacemos. Al fin, el proceso de enamoramiento es tan complejo que resulta interesante entenderlo desde diferentes perspectivas.

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Desde la teoría de los Holones, la Vinculación Afectiva se entiende como “La capacidad humana de desarrollar afectos intensos (resonancia afectiva) ante la presencia o ausencia, disponibilidad o indisponibilidad de otro ser humano en específico, así como las construcciones mentales, individuales y sociales que de ellos se derivan”, a través del tiempo el estudio sistemático del sentimiento amoroso estuvo primero en poder de los antropólogos, después pasó a sociólogos y psicólogos. Algunos casos especiales de alucinación fueron trataron por psiquiatras, hasta que finalmente el estudio del amor recayó en los científicos como biólogos, bioquímicos, neuroquímicos y neurobiólogos. Desde 1990 se separó el estudio del amor del de la sexualidad humana, —de la cual ya se conoce bastante—. En humanos es muy complicado el estudio del sentimiento amoroso, sin embargo se sabe que: hay varios tipos de amor (materno, filial, propio, religioso, enamoramiento, etc.); madura con la edad, es decir se va conformando un mapa mental amoroso con base en la edad y las experiencias; se manifiesta por medio de mensajeros químicos que se perciben en estructuras especializadas llamadas receptores, que generan respuestas químicas en cascada que son incontrolables y que promueven una conducta explosiva llamada enamoramiento. Actualmente se sabe también que en cierto momento el camino químico del amor es común con el de las relaciones amistosas. Como se ve, las investigaciones científicas obligan a darle al amor dimensiones bioquímicas y genéticas. Tiene cuatro etapas, tres de las cuales son comunes al amor y la amistad, y la última es exclusiva para el enamoramiento o amor erótico:

1° Etapa: Primera impresión

Nuestros sentidos son la puerta de entrada para todo lo que ocurre fuera de nosotros, en el amor no hay excepción: una vez dentro, comienza la batalla química y hormonal. El amor entra por los ojos y también por “los olores” – “el amor es ciego”. Cuando se tiene al blanco en la mira en combinación con las feromonas y se produce el contacto visual, una descarga eléctrica pone al cerebro en un estado especial que despierta a un conjunto de células en el sistema límbico, que secretan a su vez una sustancia conocida como feniletilamina (FEA)

2° Etapa: Atracción (primera fase neuroquímica)

La feniletilamina se esparce por todo el cerebro y orquesta el caos llamado amor. Todos los sentidos depositados en la persona que despierta el interés, el corazón late más rápido, aumenta la temperatura corporal, la presión arterial aumenta, así como la velocidad con la que se respira; puede sentirse excitación y deseo intenso de estar en contacto físico con dicha persona, se sienten mariposas en el estómago

3° Etapa: Afecto o enamoramiento (segunda fase neuroquímica)

Una vez que el primer encuentro acaba, el cerebro debe controlar el caos en el que se vio envuelto; es decir, nivelar las sustancias que fueron secretadas; para ello se activan los calmantes naturales por excelencia: endorfinas y encefalinas. Ambas son una auténtica droga, de hecho son los opiáceos del cerebro, y se esparcen para tranquilizar los órganos alterados; producen tranquilidad, calma, gozo y alegría, la risa en el rostro es inconfundible. Después de todos estos procesos químicos, se produce oxitocina, conocida como “el péptido del amor” o “sustancia del abrazo”, que genera la urgencia de la sensación táctil, del contacto directo con la persona amada. En el caso de la amistad, se cierra el ciclo y puede convertirse en una relación duradera; sin embargo, para el enamoramiento, se necesita cada vez más el intercambio químico; así se llega al beso, donde olor y sabor se juntan, provocando una memoria a muy largo plazo.

4° Etapa: Pasión (fase neuroendocrina)

El proceso amoroso es como una bola de nieve que rueda por una pendiente: cada vez más grande y menos contenible; eventualmente, el ciclo se cerrará, para culminar con las relaciones sexuales; para ello los impulsos eróticos serán cada vez más intensos y con intervalos más cortos. Las glándulas suprarrenales aumentaran su producción de testosterona tanto en hombres como en mujeres. En el caso de los hombres, la cantidad de testosterona aumentará mucho, ya que se sumará a la aportada por los testículos, ocasionando la llamada “valentía territorial” que servirá contra posibles contrincantes y una veloz iniciativa para presionar a la pareja. Para las mujeres esa pequeña diferencia en el aumento de testosterona provoca una especie de ceguera en el juicio y toma de decisiones, motivo por el cual no se oyen consejos y lo único en mente es estar con la pareja, aumentar el contacto físico y tener relaciones sexuales, con esto se cierra el ciclo amoroso.

En algunos animales como los cisnes, gansos y lobos, existe una hormona llamada vasopresina o “péptido de la fidelidad”. Ésta provoca que, después del encuentro sexual, permanezcan juntos en cada ciclo de apareamiento. La muerte de la pareja, lleva a estos animales al suicidio o a una vida en solitario. Por otro lado, aunque los humanos secretamos esta hormona, no lo hacemos en cantidad suficiente y de manera constante, lo cual deja abierta la puerta para buscar otra u otras parejas. Las civilizaciones monogámicas, como la nuestra, lo son en base a relaciones intelectuales, no bioquímicas. La religión, la moral, las leyes y, sobre todo, la inteligencia ayudan a mantenernos con la misma pareja toda la vida, lo cual nos revela que la vida en pareja es un arduo ejercicio intelectual. El organismo humano no ayuda ni a la fidelidad ni a cumplir el mito del amor romántico. El amor, concebido como un despliegue de un arsenal pirotécnico, no es eterno, y se agota con el tiempo, sigue la ley de que “todo lo que sube, baja”; y aquí es cuando comienza la crónica del desamor. El encanto se rompe y generalmente en uno sólo de los dos componentes de la pareja, aunque ambas partes seguirán teniendo la necesidad de las alteraciones bioquímicas para obtener su ración de droga cerebral. Entonces, es posible que una parte inicie una búsqueda de emociones con terceras personas ya que el amor que sentía ha muerto. La parte todavía enamorada, por lo general, presenta un síndrome de abstinencia de las sustancias químicas del amor, el cual provoca depresiones, angustias, lo cual conlleva a un estado de enfermedad, conocido como melancolía, y que en los siglos XVIII y XIX, llevó a innumerables personas a “morir de amor”.

La atracción bioquímica de la primera fase neuroquímica, puede durar, según se sabe hasta hoy, de dos a tres años. La combinación de la segunda fase neuroquímica y la fase neuroendocrina puede durar hasta cuatro años más. Una vez cumplidos estos ciclos químico-biológicos, que suman alrededor de siete años, la relación se vuelve fundamentalmente racional, sin quitar que pueda seguir existiendo la atracción química, pero con otra velocidad o impulsada con otra fuerza, la cual es conocida como costumbre. Lo anterior quiere decir que de la pasión involuntaria de amar se pasa a la voluntad de amar. (http://www.revista.unam.mx/vol.9/num11/art90/art90.pdf)

De esto y más comentaremos en nuestro programa de hoy, te va a interesar: “Escúchanos”.

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